El debate histórico, esconde claramente una disputa política y en cierto aspecto cultural, entre el oficialismo y la oposición, el primero con una mirada más latinoamericanista, estatista, izquierdista y populista de la realidad nacional, y el segundo con una mirada más liberal, derechista, y primermundista.
Criticando ambas posturas, el presente y resumido análisis sostiene que el año 2010 encuentra al país con importantes mejoras y saltos cualitativos si nos miramos cien años atrás. Pero si miramos a la Argentina y su posición en el mundo, es decir en un contexto histórico y por ende un dato de mayor importancia que el anterior, claramente la Argentina del 1910 es inalcanzablemente superior.
Si bien, en la actualidad está consolidado el sistema democrático y existen mayores derechos sociales que cien años atrás, hay que recordar que en el año 1910, en casi ningún país del mundo existían democracias universales, genuinas y consolidadas. Solamente Suiza, podía ubicarse como una verdadera democracia, ya que las pocas existentes, como la norteamericana o la inglesa, tenían restricciones no menores que las argentinas, que ciertamente estaba muy avanzada y por encima de casi todos los países, y cabe decir que en ningún lugar del mundo votaban las mujeres.
Además, todavía no se respetaban los derechos de los trabajadores. En Italia, recién a finales de la década de 1920 con el fascismo, se empezaron a legislar derechos de protección social, en Estados Unidos existía un apartheid de facto hacia los negros, el Brasil recién apenas salía de su régimen de esclavitud, y en Rusia, millones de campesinos y proletariados sumidos en condiciones de extrema pobreza se aprestaban a realizar la revolución comunista, una de las más sangrientas de la historia.
La conflictividad social de la época, también puede compararse globalmente, donde en toda Europa se debatía por la problemática y avance del comunismo, mientras que México atravesaba una sangrienta guerra civil que se extendió entre 1910 y 1920 producto del derrocamiento de la férrea dictadura de 40 años de duración de Porfirio Díaz.
La Argentina de 1910, estaba mejor posicionada en el mundo que la Argentina actual. Tenía un proyecto económico de país claro, abastecedor de materias primas a los países europeos, pero con un incipiente desarrollo de industrias nacionales sustitutivas de importaciones sin apoyo estatal, que daba sus primeros pasos vinculados al boom agroexportador. Por citar un ejemplo, la empresa Siam Di Tella, icono de la industria nacional, abría sus chimeneas en el año 1911.
La firmeza del modelo de país de la generación del 80 en términos económicos, era tan sólido que la principal oposición no osó jamás en criticarla. El radicalismo de Irigoyen, el sector progresista de la época, cuando asume el poder en el año 1916, no altera en lo absoluto los pilares principales del modelo económico, uno de los más exitosos de la época, que ubicaba al país como la séptima economía del mundo, y con el 51% del producto bruto de Latinoamérica.
El radicalismo sólo cuestionaba el sistema fraudulento del sistema político, reclamo que obtuvo solución con la sanción en 1912 por parte de los conservadores. Los únicos excluidos de la argentina del Centenario, claramente eran los sectores anarquistas y sindicalistas revolucionarios que habitaban en grandes grupos, solamente en la Capital Federal y Rosario. Recién con el peronismo la cuestión social será resuelta, al igual que en todo el mundo después de la primera y segunda guerra mundial.
Pero no tener en cuenta la ferocidad de los reclamos sociales que existían en otros países es otro error en el análisis. Rusia, Alemania, y Francia por ejemplo, reprimían con ferocidad los avances proletarios vinculados al comunismo y el socialismo. Las "democracias" de la época todavía no incluían a los sectores trabajadores o proletarios.
En definitiva, comparativamente con el resto del mundo, la Argentina tenía envidiables cifras de PBI, PBI per cápita, educación, y régimen político, entre otras áreas.
Ello no quita reconocer los avances que se realizaron hasta el año 2010, no sin tener en cuenta que el país vivió una división social y política constante entre los años 1930 y 1983. Además, criticar por los problemas actuales al actual Gobierno, es una mera especulación y falta de respeto político, tras 9 años de crecimiento económico y la salida de la peor crisis de la historia nacional, el 2001. La Argentina de los 200 años es consecuencia claramente de los últimos 50 y la relativa declinación nacional, tiene más responsables.
La Argentina del 2010 cabe resaltar, incluye valores destacables que el centenario no tuvo, la mirada latinoamericana, la presencia del Estado en cuestiones sociales y estratégicas, el respeto claro de las FFAA hacia el sistema democrático, una cierta libertad de expresión, y leves mejoras en los derechos sociales y de huelga, ya que todavía quedan muchas situaciones laborales a regularizar.
Pero hemos sido superados por países que antes tenían peores índices que nosotros. De ser la octava economía del mundo pasamos a estar en el puesto 30 según datos del Banco Mundial, de tener el mayor PBI de América Latina pasamos a ocupar el tercer lugar detrás de Brasil y México, de una diplomacia de estado, pasamos a tener una diplomacia oscilante y gubernamental, de tener instituciones sólidas, pasamos a ocupar el puesto 105 en el ranking mundial de corrupción, de tener una sociedad ascendente, en la actualidad convivimos con situaciones de desnutrición y una pobreza estructural producto de políticas iniciadas en 1976. De ser un país agroexportador dependiente de la carne, seguimos siendo un país agroexportador pero dependiente de la soja, y de tener un proyecto de país ampliamente aceptado por oficialistas y opositores, en la actualidad la Argentina no encuentra un rumbo que sea aceptado tanto por oficialistas como opositores.
Sin embargo el contexto internacional, vuelve a dar una oportunidad económica, y desde la dirigencia sobran expresiones y deseos de unidad, aunque todavía faltan resultados en los hechos. Reconociendo las mejoras en estos últimos años y la maduración social en diversos aspectos, con la salida de la crisis del 2001, y con el cierto ordenamiento nacional logrado por las administraciones de Duhalde y Kirchner, podemos decir que están las bases suficientemente acondicionadas, para que como país, podamos volver a tener mayor peso en el mundo, menores índices de corrupción, y un criterio común entre la clase dirigente, y como sociedad mayor tolerancia mutua, y mejores niveles de bienestar social y económico.
Por Fernando Santacruz,
Licenciado en Relaciones Internacionales.