No somos el cuerpo.
No somos la mente.
Somos lo que somos, la conciencia, el alma universal, la
conciencia divina.
Nunca podemos cansarnos de repetir esto.
Es el único concepto verdadero.
El único que existe.
Todo lo demás es una sombra.
La sombra que sigue al Ser;
pero que no es real, debido a que depende de la luz del
Ser todo el tiempo. Es decir tiene una realidad dependiente
en todo caso.
Recuerden practicar el hecho de estar concientes todo el
tiempo que puedan, hasta que se haga algo tan bello y buscado.
Un hábito divino. Un manantial natural de paz.
Pronto no habrá que buscar más. Uno ya encontró. Lo que siempre
buscábamos, es lo mismo que nos buscaba a nosotros.
Otra comprobación muy reveladora es que no se necesitan
los sentidos para ser o existir.
Esta noche cuando vayan a dormir, cierren los ojos,
hagan que el cuarto esté oscuro, con el cuerpo ubicado con
comodidad y díganse a ustedes mismos: -“Yo no existo,
yo no existo”.
En ese momento, alguna parte tuya va a
aflorar y te va a decir: -“Si, yo existo, yo soy”.
Hay algo en nosotros que sabe que siempre somos.
Es esa conciencia divina o lo que nosotros llamamos
conciencia, aquí en este instante, sin importar lo que esté
sucediendo en este momento en tu vida.
¿Podemos comprender lo que es estar siempre en el
presente sin importar lo que esté pasando? ¿Podemos
ponerlo en práctica?
Prueben ahora de hacerlo.
Ser conciente de quien sos,
más allá de todo lo que le esté sucediendo a tu personaje
en este instante. Más allá del trajinar de los sentidos, estás
vos. El Yo eterno. Lo reconoces en este momento.
Pronto se podrá vivir esa comprensión de la verdad, de la unidad, del
Todo, en cualquier lugar y momento, sin necesitar ir a
practicarlo a la oscuridad o soledad de tu cuarto, en los
momentos cuando la vigilia da paso al sueño. Lo que es
cierto y fascinante es que no se puede hacer las dos cosas
al mismo tiempo, o estas consciente, o estás en el mundo.
No es que el mundo cese; sino que el mundo queda
como un campo de juego. Si estás en tu verdadero estado,
en tu conciencia divina, disfrutas al mundo, juegas con
el; pero el mundo ya no juega con vos.
¿De dónde venimos?
Contéstense ustedes. ¿Qué es lo que sienten? Van a tener
que entrar en ustedes y preguntarse: ¿De dónde vengo, a dónde voy?
Y elijan el rol.
¿Tienen ganas de jugar en el mundo o
prefieren que el mundo y la creación los jueguen a ustedes?
¿Quieren ser un títere más en la Maya, o quieren ser el
titiritero?
Requiere de mucha práctica, la
manera de lograrlo es practicando, practicando, practicando.