El encuentro se desarrollará en un contexto de profunda redefinición de la estrategia de seguridad estadounidense, con un renovado énfasis en América Latina y el Caribe, en medio de crecientes tensiones diplomáticas y disputas geopolíticas a nivel global.
La Argentina formará parte de una reunión inusual entre jefes de Estados Mayores de 34 países del hemisferio occidental, que se realizará el próximo 11 de febrero en Washington por iniciativa del jefe del Estado Mayor Conjunto de Estados Unidos, Dan Caine. El encuentro se desarrollará en un contexto de profunda redefinición de la estrategia de seguridad estadounidense, con un renovado énfasis en América Latina y el Caribe, en medio de crecientes tensiones diplomáticas y disputas geopolíticas a nivel global.
Según confirmaron fuentes oficiales a Infobae, la delegación argentina estará encabezada por Marcelo Dalle Nogare, recientemente designado jefe del Estado Mayor Conjunto de las Fuerzas Armadas. La decisión fue adoptada por el presidente Javier Milei a propuesta del ministro de Defensa, teniente general Carlos Presti, como parte de una reconfiguración en la conducción política y militar del área, alineada con el nuevo posicionamiento internacional del país.
Dalle Nogare, vicealmirante de la Armada Argentina, egresó de la Escuela Naval Militar en 1987 y pertenece al Cuerpo Comando del Escalafón Naval. Es oficial de Estado Mayor, licenciado en Sistemas Navales y posee un máster en Dirección Estratégica y Tecnología, un perfil que las autoridades consideran adecuado para una cumbre centrada en planificación, interoperabilidad y proyección del poder militar.
La participación del jefe militar argentino será su primer compromiso internacional de alto nivel tras su reciente ascenso y es interpretada en la Casa Rosada como una señal clara del rumbo que el Gobierno busca imprimir a la política de defensa. En ese marco, la invitación es vista como una oportunidad para reposicionar a la Argentina en los foros hemisféricos de seguridad y profundizar el acercamiento político y estratégico con Estados Unidos que impulsa la administración de Milei.
El encuentro reunirá a los máximos responsables militares del continente americano y también a representantes de países europeos con presencia territorial en la región, como el Reino Unido, Francia y Dinamarca. De acuerdo con información difundida por el Pentágono y replicada por medios internacionales, se trata de una reunión poco frecuente tanto por la cantidad de países participantes como por el nivel jerárquico de los asistentes, sin antecedentes recientes en cuanto a su escala y alcance hemisférico.
El objetivo formal de la cumbre será fortalecer la coordinación regional frente al narcotráfico y las organizaciones criminales transnacionales, además de intercambiar evaluaciones sobre amenazas comunes, desafíos emergentes y prioridades estratégicas compartidas. Desde Washington sostienen que la cooperación militar resulta indispensable para enfrentar fenómenos que trascienden las fronteras nacionales y afectan directamente la seguridad estadounidense. Las deliberaciones tendrán como telón de fondo la reciente incursión militar en Venezuela, que culminó con la detención de Nicolás Maduro por cargos vinculados al narcoterrorismo.
En un comunicado difundido por la oficina de Caine, las autoridades estadounidenses señalaron que los líderes de defensa analizarán “la importancia de las alianzas sólidas, la cooperación continua y los esfuerzos conjuntos para contrarrestar a las organizaciones criminales y terroristas, así como a los actores externos que socavan la seguridad y la estabilidad regional”. Esta última referencia aparece como uno de los puntos más sensibles del encuentro, en un escenario de competencia global creciente.
La cumbre se inscribe en una etapa de intensa actividad militar y diplomática de Estados Unidos en el hemisferio occidental. En las últimas semanas, Washington incrementó su presencia operativa en el Caribe y el Pacífico oriental, profundizó acciones contra redes de narcotráfico y volvió a ubicar a América Latina en el centro de su agenda de seguridad nacional, tras años de foco prioritario en Europa del Este y el Indo-Pacífico.
En ese marco, el Pentágono presentó recientemente su Estrategia de Defensa Nacional, que redefine prioridades globales y coloca al hemisferio occidental como un espacio estratégico central. El documento subraya la necesidad de evitar la expansión de actores extrahemisféricos considerados hostiles, proteger rutas comerciales e infraestructura crítica, y garantizar el acceso a territorios clave desde una perspectiva militar y económica.
Analistas advierten que este nuevo enfoque también implica una mayor exigencia de alineamiento político y militar por parte de las fuerzas armadas de la región, especialmente en temas vinculados al narcotráfico, el crimen organizado y la competencia con potencias como China, Rusia o Irán. Para América Latina, la estrategia estadounidense supone una revalorización geopolítica, aunque abre interrogantes sobre el margen de autonomía de los países en la definición de sus políticas de defensa.
En el caso argentino, la presencia en la cumbre representa una oportunidad de reposicionamiento internacional, pero también un desafío político. El Gobierno de Milei impulsa un alineamiento explícito con Estados Unidos y busca traducir esa sintonía en una relación más estrecha entre las fuerzas armadas de ambos países, tras años de cooperación limitada.
La cumbre, inicialmente prevista para enero, fue reprogramada para febrero por razones climáticas. Las deliberaciones se realizarán a puertas cerradas y no se prevé la emisión de una declaración conjunta, aunque podrían difundirse lineamientos generales una vez finalizado el encuentro. El verdadero alcance de la reunión dependerá de las señales políticas y operativas que surjan de Washington y de cómo los países de la región decidan posicionarse frente a la nueva arquitectura de seguridad que Estados Unidos procura consolidar en el hemisferio occidental.